LOS JOVENES DE ESPIRITU.

Se les nota. No importan ni las canas ni las arrugas para reconocerlos. Sus miradas conservan todavía ese aire soñador de la juventud y hasta una pizquita de ingenuidad. Aún se emocionan con una canción de amor y les puede latir fuerte el corazón cuando sienten la presencia de alguien especial. Son rocas admirables, vencedores de la vida que conservan las alegres ilusiones. Todavía les sigue gustando la poesía y se muestran cómplices y compañeros de los jóvenes. No envidian la juventud porque no se sienten viejos, aunque se cuidan para estar lo mejor posible dentro de su edad. Son bondadosos.